SANTAS
 JUSTA Y RUFINA
 EN LA HISTORIA DE ORIHUELA

INTRODUCCIÓN Y ORIGEN DE LA FIESTA

AGUSTÍN NIETO FERNÁNDEZ

Franciscano

ARCHIVERO HONORARIO DEL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE
ORIHUELA

EL SERMON

Excmo.; y Rvdmo. Sr. Obispo
Ilmo. Cabildo Catedral
Excmo. Ayuntamiento
Señoras y Señores: 

         Con calor de fiesta popular nos reunimos hoy en este magnífico templo para festejar la fecha de la incorporación de la ciudad a la historia de la España cristiana surgida de la Reconquista.

         Los 572 años transcurridos desde la institución de la fiesta no le han dado, al menos en este año, la frialdad de las fiestas puramente oficiales. A la presencia de autoridades eclesiásticas y civiles se han unido las gentes que sienten como propias las glorias de los antepasados y gentes del pueblo a quienes también dice algo esta conmemoración secular.

         La leyenda de la Armengola, que poetiza la gesta, y la hazaña de los valientes que arrebataron la ciudad al dominio musulmán con la intervención milagrosa de las Santas Justa y Rufina, han sido casi invariablemente el tema de los quinientos y pico de sermones que han enal­tecido la fiesta. Sobre ella tengo tomadas hasta el momento unas 250 anotaciones más o menos amplias de cuantas indicaciones se hacen en los Libros Capitulares o en los libros de cuentas del Archivo.

         En 13 de julio de 1577 se encarga a micer Juan Jordi, abogado del Consejo, que haga una breve memoria de la conquista de la ciudad para que de ella se haga relación en el sermón del día.

         En 8 de junio de 1686 se ordena entregar al P. Sanz, trinitario, los libros de Bellot y Paterna para que ordene su sermón.

         El 28 de mayo de 1657 el P. l3elliza, de Santo Domingo de Murcia, al ofrecimiento del sermón, contesta que le alienta a aceptarlo el ser las Santas naturales de su patria y le ayudará ello a ponderar su gloria en el cielo y el lustre con que favorecieron a los conquistadores de la ciudad.

              Y como del archivero se espera alguna novedad, voy a tratar de un tema en parte inédito, cual es el de la devoción y el culto que Orihuela ha tenido y dado a sus Santas Patronas.

             Motivo puramente ocasional diríamos hoy es el que une el nombre de las Santas al de la ciudad. Una pura coincidencia la conquista de la ciudad en el día de las Santas. En cualquiera del calendario había de su­ceder.

            Intercesión y solicitud especial de las Santas por la ciudad dirán las ordenanzas y pregones antiguos.

            Favor singular que las Santas hicieron a Orihuela, dirá en 1714 el dominico P. José Muñana.

            Con empaque solemne anunciaría la fiesta y el motivo religioso el pregón del año 1579: “Por cuanto el día y fiesta de las gloriosas Santas Justa y Rufina, Patronas de la dicha ciudad, por la intercesión de dichas Santas nuestro Señor Dios fue servido dar victoria a los reyes de inmortal memoria y a la religión cristiana ganando y recuperando la dicha ciudad de poder de los moros, enemigos de nuestra santa fe cató­lica, los cuales la tenían tiranízada y con la ley mahomética sojuzgada, teniendo memoria de tan alta merced y de muchas otras que por inter­cesión de las dichas Santas esta ciudad ha alcanzado de nuestro Señor Jesucristo, el cual se sirve mucho que las fiestas de sus Santas sean fes­tejadas y solemnizadas espiritual y corporalmente a loor y gloria de su divina Majestad...”.

            El hecho histórico se unió al motivo religioso y pues que las Santas intervinieron con su favor en la recuperación de la ciudad, al conmemorar el acontecimiento histórico, los actos principales de la fiesta se dirigen a las Santas en agradecimiento a ese beneficio y a otros muchos que han dispensado a la ciudad, según expresa el anterior pregón.

            Cuáles fueron esos otros beneficios, no se expresa ni hay anotación en la restante documentación oficial. Probable es que se encuentren expresados algunos en los apuntamientos de una Historia de las Santas que dejó el P. Muñana.

         En carta que escribió a la ciudad, fechada en Sevilla a 17 de julio de 1714, solicita que se vean los libros y acuerdos antiguos para reconocer en qué ocasiones ha invocado la ciudad el patrocinio de estas Santas y lo ha experimentado, para manifestar en su Historia el amor que la ciudad les tiene y la solicitud con que ellas miran por la ciudad.

 

SANTAS JUSTA Y RUFINA EN LA HISTORIA DE ORIHUELA

         En 8 de agosto el Consejo encarga a los regidores Francisco Villafranca y Gregorio Masquefa que manden las noticias que solicita el P. Muñana y que impriman el papel de milagros de Sevilla para aumentar la devoción a las Santas en la ciudad. 

           El 21 de agosto acusa el P. Muñana recibo de respuesta, pero está a la espera de la información solicitada, la que ahora extiende al culto que se les da en las demás ciudades y villas del obispado. 

           No queda constancia de la información de los comisionados si es que la hicieron y mandaron. A pesar de las varias afirmaciones del P. Muñana sobre la Historia en dos tomos que preparaba para dar a la imprenta, los apuntamientos que tenía hechos quedaron manuscritos en su Colegio de Santo Tomás de Sevilla. 

         En la carta del 17 de julio de 1714 añade el P. Muñana como nota milagrera que las Santas bajaron durante 40 días al castillo para dar de comer a los que se apoderaron de él, según le constaba por papeles anti­guos y auténticos. 

        Parecía natural que hecho de tal importancia, cual el de la conquis­ta de la ciudad, fuese conmemorado desde el principio, sin embargo el origen de la fiesta parte del año 1400. En 11 de julio de 1400 se dice que el Consejo había hecho ordenanza de hacer la fiesta de las Santas y que había solicitado del obispo de Cartagena, D. Fernando de Pedrosa, la declaración de día festivo. Obtenida esta declaración, se ordenó el siguiente pregón: 

       “Se hace saber de parte del muy honorable Consejo de la villa de Orihuela a todo hombre en general y a cada cual en especial de cualquiera ley, condición o estamento sea que como en el sábado próximo sean las fiestas de madona Sta. Justa y de madona Sta. Rufina y en semejante día y fiestas por gracia de nuestro Señor Dios la dicha villa fue tomada y quitada del poder de los infieles enemigos de la santa fe católica, por cuya razón el muy Reverendo Obispo don Fernando, de buena memoria, que fue de Cartagena, que Dios haya, a súplica de dicho honorable Consejo, se sirvió mandar por su carta que fuese hecha fiesta solemne en dicha villa de dicha fiesta, esto es oficio doble por las iglesias de dicha villa y que fuese guardada por los que trabajan, que nadie haga faena de manos. 

          Por tanto, dicho honorable Consejo manda que se guarde dicha fiesta así fuera como dentro de la villa y que nadie haga faena alguna so pena de 60 sueldos, de los que el tercio será para el Justicia en nombre y lugar del Rey, el otro tercio para la obra de la iglesia de Sta. Justa y el otro tercio para el acusador.”. 

           En el acuerdo, tomado el domingo día 11, se dice que la ordenanza fue de hacerla fiesta todos los años y que se saque la señera de la villa y los jurados proporcionen juglares. 

           ¿Qué explicación se podrá dar a esta tardanza en la celebración de la fiesta? 

           El Consejo tiene en este año plena seguridad de que la ciudad fue ganada a los moros en el día de las Santas, como terminantemente se afirma en el pregón anterior. ¿La tenía con anterioridad? Parece comprobarse por el hecho de haber dedicado la mezquita mora, situada en la parte más importante de la villa, a las Santas. Dedicación que de­bió tener lugar el año 1265 o el 1266, cuando dominada totalmente la sublevación musulmana en todo el reino de Murcia, no había por qué tener miramientos a las estipulaciones del pacto de Alcaraz. 

           Del año 1281 hay dos privilegios de Alfonso el Sabio referentes a las iglesias de la villa. Por uno de ellos, dado en S. Esteban de Gormaz, a 10 de marzo de la era 1319 (año 1281) concede para reparación de las iglesias el tercio real que pertenece a él, porque le ha mandado decir el Consejo “que las sus iglesias son derribadas e que las non pueden façer por la gran mengua que an” . Por el otro privilegio, dado en Córdoba, a 27 de mayo de la misma era, revoca la carta que habían ga­nado los caballeros y hombres buenos de la colación de Sta. Justa de que el Concejo general se reuniese en esta iglesia, por ser su colación la parte mejor poblada de la villa y donde las casas valen más y ordena que se haga como lo tenía dispuesto anteriormente, reuniéndose el Concejo en la iglesia de S. Salvador y como se había usado hasta entonces, pues, por haber sido este lugar en tiempo de moros cabeza de las otras mezquitas, tuvo por bien que fuese la iglesia mayor de la villa en tiempo de cristianos. 

            Documentalmente, por tanto, nos aproximamos a la comprobación de que la dedicación a las Santas de la iglesia situada en la parte más poblada de la villa fue hecha ya al principio de la total dominación cristiana. ¿Razón que hubo para ello? Seguramente la certeza de que la villa había sido ganada al dominio musulmán en el día y fiesta litúrgica de Stas. Justa y Rufina. 


 

           Tal vez ayude a comprender la razón de la tardanza en establecer la fiesta anual el saber que en el mismo año 1400, se estableció también la fiesta del Corpus, que en Valencia venía celebrándose desde 1355. 

            Del 1400 es la fiesta de los caballeros de 1 de mayo. Con anterioridad al 1400 ni en los acuerdos capitulares ni en libros de cuentas se mencionan fiestas anuales fijas, sí sólo fiestas ocasionales, con motivo de nacimientos de Príncipes, entradas de reyes o infantes en la villa o victorias y conquistas en el exterior del reino. 

           En cambio, una vez comenzada la celebración, siguió ininterrumpi­damente al principio mediante arrendamiento en todos sus actos o parte de ellos y luego por intervención directa de Consejo, dándose el encargo a uno de los Jurados, no excusando su celebración los agobios del erario municipal, que eran frecuentes, y quedando por otro lado reflejada la pujanza del erario en la exuberancia de la fiesta. 

         La ordenanza del 1400 decía que la fiesta se hiciese todos los años. Para más firmeza de esta ordenanza, que con el lapso del tiempo podía venir en olvido y para que circunstancias adversas no impidieran su cumplimiento, en 14 de agosto de 1583 se hizo voto de guardar dicha fiesta, tal y como se contiene en la ordenanza nueva que entonces se estableció y los Jurados, al tomar posesión de sus cargos, en el jura­mento que hacían de cumplir lealmente sus cargos, juraban guardar las ordenanzas hechas y hacederas y señaladamente la del dicho día 14 de agosto.
 

FESTEJOS  POPULARES
Y
FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS
.

     El hecho histórico de la conquista de la villa era conmemorado en un simulacro de batalla de cristianos y moros, que tenía lugar el mismo día 17 a la salida del sol en el plano del puente viejo, donde los moros esperaban la acometida de los cristianos, quienes entrando por el portal de S. Agustín los llevaban de vencida hasta la plaza de la Catedral, en donde, desarmados, les ataban las manos y los conducían delante de la procesión hasta la iglesia de Sta. Justa, en la que se daban gracias a Dios y a las Santas por la victoria obtenida. 

       Las fiestas celebradas en 1579 están bien detalladas en una memoria de lo acordado por el Justicia y Jurados en 25 de junio y por el pregón de fiestas. Coincidieron éstas con la entrada en la ciudad del gobernador Juan Quintana y por este motivo revistieron mayor solemnidad. 

       Las disposiciones acordadas fueron las siguientes: 

       La víspera de la fiesta, sonando las 12 horas del día, se alzarán los pendones en los campanarios de las iglesias y en el castillo y en la torre de la Sala Capitular, sonando las campanas y tirando el castillo alguna artillería. 

      En el mismo día, saliendo de Vísperas, que eran cantadas por la capilla de música de la Catedral, se representará en la Plaza Mayor el misterio del martirio de las Santas. 

      El mismo día por la noche se harán luminarias de faroladas en los campanarios, en la Sala y en el castillo, con disparo de cohetes y de artillería. Las luminarias y cohetes de los campanarios lo pagarán los fabriqueros de las iglesias. Los cohetes de la Sala y artillería del castillo lo pagaría la ciudad. 

      En el campanario de la Catedral estarán sonando los ministriles y en el de Sta. Justa los músicos traídos del valle de Elda. En la Sala Consistorial los atabales y trompetas. 

     El día de la fiesta por la mañana se representará la batalla y victoria que en tal día tuvieron los cristianos y para ello se da cargo a Jaime Ruiz, capitán de infantería de la gente del arrabal de 5 Juan, para que elija los jóvenes y personas más necesarias para representar los moros, vestidos a su usanza, con sus flechas, quienes, sonando las 5 de la mañana vengan hasta el puente y arrabal de S. Agustín, y a Francisco Silvestre, capitán de la gente de a pie del arrabal de S. Agustín, para que aperciba los jóvenes de su Compañía y salgan aderezados con sus escopetas a las eras de S. Sebastián en dicha hora y entrando por el portal de S. Agustín representen la batalla en el plano del arrabal y puente del río, siguiendo a los moros hasta la Catedral y en dicha plaza les ligarán las manos y los llevarán delante de la procesión hasta la iglesia de Sta. Justa. 

     A la procesión, misa y sermón debían asistir todas la cofradías o gremios de la ciudad con sus ciriadas y banderas, so pena de 60 sueldos. 

      En la tarde del día de la fiesta se correrán toros y se jugará a cañas. A todos los que hagan invenciones de fuegos se les anuncia remuneración según sus trabajos. 

      El número de participantes como moros y cristianos se dejaba a elección de los capitanes de las Compañías. Sólo se exige que sean jóvenes. 

      Como en la ciudad había cinco Compañías de infantería, una por cada parroquia y cada barrio, había gente donde escoger y siempre preparada con sus armas. 

      En 1580 se abonan 11 sueldos a Juan Irles por la hechura de 22 al­fanjes para el juego de moros y cristianos, y a Andrés Roca por pintarlos otros 11 sueldos. A Juan Esteban por las invenciones en la fiesta de moros y cristianos y al pintor Miguel Utiel por cosas pintadas para dicha fiesta se les dan 4 libras valencianas; En el mismo año se pagan 20 libras, 15 sueldos, 4 dineros por un castillo de madera hecho para representar la conquista de la ciudad. 

      La representación o batalla de moros y cristianos debió celebrarse pocos años. Sólo he encontrado noticias de los años 1579, 1580 y 1586. Suponemos que seguiría dicha representación en los años intermedios. 

      La representación del martirio de las Santas se hizo durante varios años, según notas de cuentas. Algunos años se representaban co­medias. De ordinario el misterio del martirio y las comedias eran suplidos por danzas, que comenzaron ya en 1586 y constituyeron todos los años uno de los números más llamativos e importantes de la fiesta y se remataban a los mejores postores, que con. frecuencia eran gitanos de la ciudad. Las había de varias clases: de saraos, castañetas, de gallegos, de rasgado, de paloteado. 

      Algunos años hubo hasta tres danzas, teniendo lugar alguna de ellas durante la procesión, como se hacía en la procesión del Corpus.

     El hecho histórico de la conquista de la villa era conmemorado en un simulacro de batalla de cristianos y moros, que tenía lugar el mismo día 17 a la salida del sol en el plano del puente viejo, donde los moros esperaban la acometida de los cristianos, quienes entrando por el portal de S. Agustín los llevaban de vencida hasta la plaza de la Catedral, en donde, desarmados, les ataban las manos y los conducían delante de la procesión hasta la iglesia de Sta. Justa, en la que se daban gracias a Dios y a las Santas por la victoria obtenida. 

       Las fiestas celebradas en 1579 están bien detalladas en una memoria de lo acordado por el Justicia y Jurados en 25 de junio y por el pregón de fiestas. Coincidieron éstas con la entrada en la ciudad del gobernador Juan Quintana y por este motivo revistieron mayor solemnidad. 

       Las disposiciones acordadas fueron las siguientes: 

       La víspera de la fiesta, sonando las 12 horas del día, se alzarán los pendones en los campanarios de las iglesias y en el castillo y en la torre de la Sala Capitular, sonando las campanas y tirando el castillo alguna artillería. 

      En el mismo día, saliendo de Vísperas, que eran cantadas por la capilla de música de la Catedral, se representará en la Plaza Mayor el misterio del martirio de las Santas. 

      El mismo día por la noche se harán luminarias de faroladas en los campanarios, en la Sala y en el castillo, con disparo de cohetes y de artillería. Las luminarias y cohetes de los campanarios lo pagarán los fabriqueros de las iglesias. Los cohetes de la Sala y artillería del castillo lo pagaría la ciudad. 

      En el campanario de la Catedral estarán sonando los ministriles y en el de Sta. Justa los músicos traídos del valle de Elda. En la Sala Consistorial los atabales y trompetas. 

     El día de la fiesta por la mañana se representará la batalla y victoria que en tal día tuvieron los cristianos y para ello se da cargo a Jaime Ruiz, capitán de infantería de la gente del arrabal de 5 Juan, para que elija los jóvenes y personas más necesarias para representar los moros, vestidos a su usanza, con sus flechas, quienes, sonando las 5 de la mañana vengan hasta el puente y arrabal de S. Agustín, y a Francisco Silvestre, capitán de la gente de a pie del arrabal de S. Agustín, para que aperciba los jóvenes de su Compañía y salgan aderezados con sus escopetas a las eras de S. Sebastián en dicha hora y entrando por el portal de S. Agustín representen la batalla en el plano del arrabal y puente del río, siguiendo a los moros hasta la Catedral y en dicha plaza les ligarán las manos y los llevarán delante de la procesión hasta la iglesia de Sta. Justa. 

     A la procesión, misa y sermón debían asistir todas la cofradías o gremios de la ciudad con sus ciriadas y banderas, so pena de 60 sueldos. 

      En la tarde del día de la fiesta se correrán toros y se jugará a cañas. A todos los que hagan invenciones de fuegos se les anuncia remuneración según sus trabajos. 

      El número de participantes como moros y cristianos se dejaba a elección de los capitanes de las Compañías. Sólo se exige que sean jóvenes. 

      Como en la ciudad había cinco Compañías de infantería, una por cada parroquia y cada barrio, había gente donde escoger y siempre preparada con sus armas. 

      En 1580 se abonan 11 sueldos a Juan Irles por la hechura de 22 al­fanjes para el juego de moros y cristianos, y a Andrés Roca por pintarlos otros 11 sueldos. A Juan Esteban por las invenciones en la fiesta de moros y cristianos y al pintor Miguel Utiel por cosas pintadas para dicha fiesta se les dan 4 libras valencianas; En el mismo año se pagan 20 libras, 15 sueldos, 4 dineros por un castillo de madera hecho para representar la conquista de la ciudad. 

      La representación o batalla de moros y cristianos debió celebrarse pocos años. Sólo he encontrado noticias de los años 1579, 1580 y 1586. Suponemos que seguiría dicha representación en los años intermedios. 

      La representación del martirio de las Santas se hizo durante varios años, según notas de cuentas. Algunos años se representaban co­medias. De ordinario el misterio del martirio y las comedias eran suplidos por danzas, que comenzaron ya en 1586 y constituyeron todos los años uno de los números más llamativos e importantes de la fiesta y se remataban a los mejores postores, que con. frecuencia eran gitanos de la ciudad. Las había de varias clases: de saraos, castañetas, de gallegos, de rasgado, de paloteado. 

      Algunos años hubo hasta tres danzas, teniendo lugar alguna de ellas durante la procesión, como se hacía en la procesión del Corpus.

FESTEJOS  POPULARES

En 1610, además de la danza de los de Abanilla y la de los Negritos, hicieron danza los diez infantes de coro de Catedral.

       En 1626 se rematan en 500 reales a Juan de Torres, maestro de danzas de Murcia, dos danzas de sarao, la una con cuatro galanes y cuatro damas y la otra de cuatro aldeanos y cuatro aldeanas. 

       El número de ocho danzantes por cada danza parece que fue constante, pues en varias cuentas de la fiesta en el siglo XVIII aparecen notas de 16 pares de zapatos, 16 pares de medias y 16 sombreros para los danzantes de ambas danzas, cuando eran dos las que había o de 20 y hasta 21 pares, contando los dos dulzaineros y el tambor, que acompa­ñaban con sus sones las danzas. 

      Los juglares, de quienes se hace mención expresa en el acuerdo de fundación de la fiesta, siguieron amenizándola durante varios años con sus bailes y con sus sones. Eran moriscos y gitanos de la ciudad o se traían de Elda, Elche, Cox, Abanilla y Albatera. 

      Los gigantes comenzaron a sacarse en la procesión de 1587, para la fiesta de las Santas y para la del Corpus (34). Hasta siete gigantes se sacaron en la procesión de 1602. 

      El analista oriolano, mosén Pedro Beliot tuvo que ver también con esta fiesta, pues él fue el que hizo en dicho año los siete gigantes. 

       Los seis enanos, hechos en 1735 para completar el juego con los gigantes, no se sacaron en la procesión de las Santas, ya que por entonces no se sacaban los gigantes. Lo fueron para las procesiones del Corpus. La tarasca se empezó a sacar en 1598. 

      Como era natural, no podían faltar los fuegos y cohetería, que se lanzaban en gran abundancia desde el castillo, baluartes, ermita de San Miguel, campanarios de las tres parroquias y Sala Consistorial, trayéndose bombardas y piezas artilleras de Elche, Alicante, Cartagena, Murcia y Guardamar cuando en la ciudad no había suficientes. 

     La iglesia de Santa Justa era adornada con colgaduras por el interior y enramada por fuera. 

     Poníanse, además, faroladas en los campanarios de las tres parroquias, en los terrados de la Sala y en el Castillo. 

      Los actos propiamente religiosos de la fiesta consistían en el canto de Vísperas y Maitines, misa solemne, sermón y cantos en la procesión. 

      El nombramiento de predicador se hacía mediante una terna sobre la cual daban sus votos los Justicia y Jurados, quedando nombrado el que obtuviera mayoría de votos. 

     Todo gasto que se hacía en la iglesia de Sta. Justa así en adornos de colgaduras, banderas, enramadas, música, doblas por los reyes pasados y en cera para el altar y para la procesión y en antorchas que se ponían en los balcones de la Casa Consistorial, faroladas en campanarios, co­mida a músicos y artilleros, cuando se traían de fuera, era por cuenta del Consejo. La partida de cera era capítulo muy importante de gastos, pues hubo años en que subió a más de 200 libras valencianas o sea más de 2.000 reales. 

     Las corridas de toros, mientras no estuvieron prohibidas, fueron número casi obligado de la fiesta. A veces se hacían dos corridas, la una el mismo día de la fiesta y la otra al siguiente. 

     Había corridas con muerte de toros y corridas sin matarlos. 

     Los rejoneadores habían de ser caballeros de la ciudad, pero también se traían y contrataban toreros de fuera. Los toros eran proporcionados por los arrendadores de las sisas o debían entregar en dinero el equivalente a los toros que se asignaban a cada sisa. 

     El juego de cañas del que sólo se hace mención en los acuerdos capitulares o en los pregones, debió de ser frecuente, ya que, además de su vistosidad, era juego apropiado para mostrar su destreza los de a caballo y por otro lado no suponía gasto alguno al erario.

LA ENSEÑA DEL ORIOL

   En el acuerdo de establecimiento de la fiesta en 1400 se mandó sacar la señera o estandarte de la ciudad, según se dijo en su lugar. No se hizo acuerdo de quién debía llevarla, aunque es de suponer que fuera el Justicia criminal. 

   En 18 de julio de 1598 se acordó que por la autoridad y honor de la ciudad fuera llevado el pendón o señera por el Justicia criminal en la procesión de las Santas y que por ello se le den 25 libras y que como este año es Justicia Cristóbal Ortiz y ayer llevó el pendón se manda al clavero que le abone las 25 libras. Pero el año anterior ya se habían abonado al Justicia de entonces las 25 libras por lo mismo. 

   Se ve por tanto que es acuerdo municipal en confirmación y firmeza de la práctica que venía haciéndose. 

   De 1704 es la última nota capitular en que aparece el Justicia llevando la señera (59) Pero téngase en cuenta que faltan las notas de gastos de las fiestas en los años siguientes hasta 1708. Es de suponer que hasta este año seguiría el Justicia criminal como portaestandarte de la señera en la procesión de las Santas. 

   Abolido el cargo de Justicia criminal con la desaparición de los fueros y habiendo sido asimilado el régimen municipal al estilo de Castilla en 2 de marzo de 1708, se encomendó el cargo de llevar la señera al procurador síndico general, o sea, al síndico del Ayuntamiento. No hay ordenanza expresa que así lo diga, pero en 20 de julio de 1737 Juan de Otazo, procurador general, expuso que hallándose precisado a sacar el estandarte o señera, según costumbre, había mandado al maestro correchero que compusiese las correas y bolsa del portaestandarte. 

   Carente, por tanto, de fundamento considero la afirmación que se hizo en El Diario Orcelitano de que desde la supresión del cargo de Justicia criminal, cuando el Oriol salía de la Casa Consistorial el día de las Santas era llevado por el Gobernador, custodiándolo una compañía de infantería. 

   Varios años aparece dando escolta a la señera alguna de las compañías de infantería de la ciudad, a la que el rematante de los fuegos tenía obligación de dar pólvora para las salvas. 

   Sobre la práctica de bajar y subir la señera por el balcón y no por la puerta de la Casa Consistorial la nota más antigua que he hallado es del año 1609 con motivo de las cuentas de la fiesta, sin que haya acuerdo capitular en tal sentido. Se trata de la compra de una cinta para bajar y subir el pendón y por ella se dan a Tomás Blasco cuatro reales . En 1732 se ponen en cuenta cuatro cordones para el estandarte. 

   Aunque no haya acuerdo capitular para la práctica de bajar y subir el estandarte por el balcón, se puede admitir la explicación dada en El Diario Orcelitano, al 16 de Julio de 1904 de que con tal práctica se evitaba la inclinación del estandarte, que sería una especie de humillación y ésta solamente se hace ante el Rey, ante quien se abaten y yerguen todos los estandartes.

LA PROCESION E INCIDENTES
   CON LA CURIA ECLESIASTICA

   El orden de precedencia en la procesión era el siguiente: En primer lugar, la enseña o estandarte de la ciudad, llamado corrientemente el “Oriol” o el “Pájaro”, con su escolta de gente militarizada; a conti­nuación los gremios por orden de antigüedad, o sea, los primeros los más modernos; luego las Comunidades religiosas, también por orden de antigüedad; seguía el clero de las tres parroquias, el Cabildo Catedral y el Ayuntamiento en pleno con sus maceros.

   En el año 1743 hubo un incidente grave con la curia eclesiástica por pretender ésta innovar dicho orden procesional. 

   Fundada la Casa de la Misericordia por el obispo Gómez de Terán con el concurso de la ciudad en 21 de enero de 1743, el Obispo dio auto de aprobación de dicha casa en forma de comunidad eclesiástica, con asignación de vestido de hábito de paño pardo, valona y sombrero y con escudo de bronce con el cuartel de sus armas episcopales y con condición de que siempre que vayan en comunidad a cualquier función lleven una cruz delante y los presida un sacerdote con bonete y manteo. 

   Por tanto, silos pobres de la Misericordia eran una especie de comunidad eclesiástica, debían ir en las procesiones detrás de todos los seglares o cofradías laicas. Esta es la novedad que se pretendió. 

   Ya en la procesión del Corpus de dicho año se obligó a los gremios a dar la precedencia a los pobres de la Misericordia so pena de excomunión y de presentarse en las cárceles episcopales los clavarios de los gremios (67). 

   Pretendiendo evitar la repetición de este hecho contra los derechos de la ciudad en la próxima procesión de Santas Justa y Rufina, el Alcalde Mayor proveyó lo que creyó conveniente para que los pobres de la Misericordia no se incorporasen en la procesión, ni detrás ni delante de los gremios. No obstante dichas medidas, llegada la hora de la proce­sión, a las 10 de la mañana, al salir de la Catedral la primera Comunidad de Regulares, que era la de Capuchinos, les impidieron la salida la comisión de pobres de la Misericordia, unos ocho o diez pobres, quienes ante la intervención del alguacil mayor se apartaron de la procesión. Hubo voces airadas por parte de los curiales, réplicas y contrarréplicas, protestas y apelaciones y amenazas de excomunión, pero la procesión se hizo sin la asistencia de los pobres. 

   La cuestión se complicó con otras que el Obispo tenía contra el Ayuntamiento sobre Juntas de fábricas de las parroquias y el tercio del diezmo, de tal manera que el Consejo de Castilla cometió la jurisdic­ción ordinaria de la ciudad a Antonio de Heredia Bazán, Marqués de Rafal, Corregidor y Justicia Mayor de Murcia, por Provisión de 29 de julio de 1743 para que hiciese sumaria de lo sucedido, a consecuencia de la cual fueron desterrados por unos meses los regidores Inocencio de Otazo y José Balaguer y el abogado de la ciudad Eusebio Gómez. 

   La actuación del Consejo de Castilla en general fue favorable a los derechos de la ciudad. El Obispo no se dio por perdido y consiguió Provisión Real suspendiendo la resolución del Consejo hasta que todas las cuestiones se vieran en justicia. 

   Ignoramos el final de todas estas cuestiones entre el obispo Gómez de Terán y las autoridades municipales de la ciudad, ya que no hay do­cumentación oficial hasta el año 1749.