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NOS DEJARON
TRES CABALLEROS
Cuando en las tardes otoñales la caída del sol quiere jugar con sus
colores en la sierra, y esa débil, pero fresca brisa nos lame
discretamente el rostro, la ermita del Santo Sepulcro suspira hacia
adentro con el recuerdo guardado tras sus añejas puertas.
Viejas piedras sostenidas una a una con la argamasa de sudores
respetuosos, fraguados en el cariño de perpetuar la herencia de nuestros
mayores, de nuestros antepasados. Símbolo de nuestra identidad. Amor a
nuestras tradiciones.
Dicen………. dejaron escrito, no se qué de aberraciones y extraños
sortilegios. Acusaron, con tinta impresa, fantasmagóricas profanaciones
y un dime allá, que no se yo, propio de quien no ve mas lejos de sus
mismas narices.
Son curiosidades que, en ocasiones, rayan en la más absurda de las
necedades.
En cada palmo, en cada rincón y en cada grieta del Sepulcro se vive la
Orihuela de ayer y la de hoy, la mítica Oleza, esta Orihuela nuestra que
lleva por pendón y bandera el emblema de los "Caballeros del Rey
Fernando"
Y la ermita del Santo Sepulcro guarda silencio.
Y sus piedras lloran la ausencia de tres caballeros.
Tres almas generosas que se llevó la noche.
Tres piedras que han quedado talladas en el recuerdo.
Nos
dejaron tres caballeros. El primero de ellos, MANUEL RUIZ ROSERO, se
marchó cuando todavía resonaban los ecos de las marchas moras y
cristianas por las calles de Orihuela. Era el 2 de agosto de 1.992. Nos
dijo adiós con la Fiesta en sus labios, como dejándonos su sonrisa
prendida en los aires de nuestras calles festeras.
Nos dejaron tres caballeros. El segundo de ellos, MANUEL GALLUD SALAS,
quiso poner orden en otros lugares, quizás en otros sitios allá donde
fue llamado. Nos dejó el 5 de diciembre de 1.992. El, que fue nuestro
Embajador, ha sido llamado para ocupar otro puesto de más altura.
Nos dejaron tres caballeros. El tercero de ellos, ANTONIO MURCIA
SANTOS,
que fue nuestro
Vice-Presidente, tomó otros caminos un 24 de Febrero
de1.993.
Fueron tres caballeros del Rey Fernando, tres hombres de bien y tres
excelentes amigos.
Quizá, conociéndolos como nosotros les conocíamos, podamos estar seguros
que en el Cielo, este año habrá Fiesta de Moros y Cristianos.
Algún día nos veremos, amigos.
J. Antonio Juan García
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