|
|
|
|
He aquí que los mudéjares locales se concertaron con los demás del reino de Murcia para alzarse en armas, pasar a cuchillo a los residentes cristianos y sacudirse su ominosa protección. El día señalado fue un 16 de julio, sin que se exprese el año. Benzaddón quiso sin embargo exceptuar a la. nodriza y su familia del general exterminio decretado contra los infieles. Les pasó un aviso confidencial de lo que se tramaba y les ofreció seguro asilo en el castillo. La mujer de Armengol quedó anonadada con la noticia. Repuesta de la sorpresa, decidió salvar a su pueblo pero no por la vía del ruego, como hiciera Esther con Asuero, sino sirviéndose de una estratagema ingeniosa. No era lo suficientemente joven para hacer ella sola el papel de Judith, así es que, después de concertarse con sus correligionarios, hizo vestir a dos robustos jóvenes —Ruidoms y Juan de Arnún— las ropas de sus hijas, y en su compañía y en la de su marido se presentó, entrada la noche, en la puerta de la alcazaba diciendo ser los huéspedes esperados por el alcaide. Los guardias, uno tras otro, fueron degollados en el mayor sigilo. El recinto exterior de la fortaleza quedó expedito para los cristianos que venían detrás. No así la ciudadela, cuyo asalto parecía imposible sin un milagro. Y éste se produjo. Era aquel día víspera de la festividad de las santas Justa y Rufina, muy veneradas de la mozarabía local. Ambas mártires hispalenses se aparecieron en forma de resplandecientes luceros para posarse sobre sendos baluartes de la fortaleza. Aquella noche iluminaron la sangrienta refriega sostenida por los cuatro cristianos con los musulmanes del recinto. La épica contienda tuvo lugar a puerta cerrada, atrancada por los asaltantes para impedir que cundiera la alarma entre la morisma de la villa, que fue sorprendida en todas partes por el vecindario cristiano.
Armengola, empuñando las armas y luchando como un hombre, hizo prodigios
de valor. El sorprendido alcaide, por su parte, se comportó con bravura.
Dio muerte a uno de los mozos y no desmayó en la lid hasta que sucumbió
acribillado de heridas. Cuando su mujer se percató de que todo estaba
perdido, emulando a la heroína clásica, se abalanzó por una ventana con
una niña de corta edad en sus brazos. |
|
Aviso
Legal: Copyright ©
Luís Riquelme Ballesteros
|