Fueros de Orihuela

       La publicación de los “Fueros de Orihuela” reinaugura un puente de cultura entre las dos capitales históricas del Reino de Valencia: La Ciudad de Valencia y la Ciudad de Orihuela. La primera era capital, además del Reino, de la Gobernación del Norte, que llevaba su nombre, y la segunda daba denominación a la Gobernación del Sur. 

          La relación entre las dos capitales fue intensa y fecunda durante la época foral, y forjó unos sólidos vínculos que ni las posteriores organizaciones administrativas de España han podido debilitar. Orihuela y Valencia nunca olvidaron lo que significaba una para la otra. 

          En los momentos en que conmemoramos el Quinientos Aniversario del Siglo de Oro del Reino de Valencia se hacía necesario, desde Valencia Ciudad, volver los ojos hacia el sur y reencontramos con la ciudad hermana. 

          Si el primer paso fue el traslado de la Real Señera a las fiestas del 750 Aniversario de la Reconquista de “Oriola”, este libro culmina este reencuentro y lo perpetúa en las bibliotecas para orgullo, no sólo de valentinos y oriolanos, sino de todos los habitantes de aquel viejo Reino que hoy es potente Comunidad Autónoma, con personalidad propia tanto en España como en Europa. 

   Rita Barberá Nolla
   Alcaldesa de Valencia

Saludo de la Alcaldesa de Valencia,
                 Del libro de  los  Fueros que se publicó con motivo de su nombramiento como Síndico en el año 1993.

  
   O
rihuela conmemora y festeja secularmente su Reconquista el 17 de julio. Ahora llegamos al 750 aniversario y es necesario que además de los tradicionales actos cívicos y religiosos, constatemos de otra forma la efemérides.

     Cualquier hecho histórico tiene un origen y evolución singular.
En este caso, la conquista cristiana y el desarrollo de una importante ciudad. De alguna forma esto ha quedado reflejado en los documentos y por ello nada mejor que una edición como ésta que además de un riguroso estudio histórico sobre la conquista, realizado por el catedrático Angel Luís Molina, incluya en facsímil los primeros documentos concedidos por el rey a Orihuela.

     Publicado recientemente el estudio y trascripción del Repartimiento de Orihuela por el Dr. Torres Fontes, obra fundamental para el conocimiento de nuestra historia, estábamos en deuda con otro libro básico de nuestro pasado: el Cartulario o recopilación de privilegios concedidos a la ciudad, que en ejemplar más precioso-realizado en 1578- se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

     Cuando Rafael Amorós me planteó la posibilidad de realizar alguna edición conmemorativa del 750 aniversario de la Reconquista, inmediatamente le sugerí que publicase nuestro Libro de Privilegios. Ante la imposibilidad de realizarlo completo, pues se compone de cuatro hojas, trescientos sesenta y cuatro folios y veinticinco hojas más, optamos por editar las tres magníficas láminas que lo ilustran y once documentos del rey de Castilla, Alfonso X el Sabio, dirigidos al Concejo de Orihuela en el siglo XIII.

     Los privilegios y cartas de merced que se incluyen en facsímil pertenecen a 1265-1281.Como podemos observar el año de la data crónica, está computado en la Era Hispánica, de forma que se iniciaba a contar 38 años antes del nacimiento de Jesucristo, coincidiendo con la terminación de la conquista de España por el emperador Octavio Augusto. El documento más antiguo que publicamos es la concesión en 1265 de los fueros y franquezas que ya tenía Alicante desde 1252, lo que nos da idea del carácter segundón que tuvo la ciudad de Orihuela durante su breve etapa castellana.

     De mayor interés son los documentos referentes a la delimitación del término de Orihuela; la mejora de un tercio en los repartos de heredades para los defensores del castillo; el nombramiento de Pedro Zapatero como sobreacequiero y disposiciones sobre el reparto de aguas, limpieza de acequias y en general sobre riegos; y, por último, otra concesión singular, la cesión del tercio del diezmo que correspondía al rey para que se destinase a la reconstrucción de las iglesias de Orihuela.

     Extraordinarias son las tres láminas miniadas que por primera vez podremos admirar en toda su belleza. La correspondiente al escudo de la Corona de Aragón tiene una preciosa oria con decoración renacentista en que destacan dos cartelas con el Oriol. La lámina con el escudo de la ciudad de Orihuela, de un gran preciosismo, representa el Oriol sobre fondo vede enmarcado en un óvalo con el lema HERODIT DOMUS DUX EST EORUM. Finalmente la vista de Orihuela en el asedio que sufrió en 1364-1365 durante la Guerra de los dos Pedros que, aunque realizada en el siglo XVI, es la imagen de la ciudad más antigua que se conoce y representa el recinto urbano amurallado y el castillo.

    Como consecuencia de la fidelidad al rey Pedro IV de Aragón se obtendría un privilegio crucial para nuestra historia en el Reino de Valencia: el de creación de la Gobernación General de Orihuela. 

Javier Sánchez Portas
Director de! Archivo de la Generalitat Valenciana

Fascimil de la presentación del libro de los Privilegios, editado en 1.993.

Resumen del Libro de los Privilegios de la Ciudad de Orihuela

     Los sucesores de lbn Hud no supieron conservar la independencia frente a los almohades. ni la unificación del reino de Murcia, conseguida por aquel en 1228. Por entonces, el acelerado proceso de degradación corría paralelo al avance castellano por Andalucía.
 

     En 1241, por orden de Fernando III el maestre de Santiago realiza una penetración armada en  territorio musulmán, entre los reinos de Granada y Murcia, con objeto de impedir los propósitos del nazaré al-Ahmar de incorporar el territorio murciano a su reino. Las conquistas santiaguistas de Huéscar, Galera, Orce, Castalla, Cuevas de Almizra, Itur, Color y Chinichilla, no sólo señalaban un objetivo bien definido de separación de Granada y Murcia, sino de aislamiento y cerco alrededor del reino hudita. Y, fruta madura, el reino de Murcia capitula en 1243, consecuencia de esta realidad circundante, además de los antecedentes históricos en los que se reconocía a Castilla el derecho a su ocupación y como consecuencia, asimismo, de la caótica situación interior en la que dominaba la anarquía y la descomposición de la unidad musulmana. 
 

                
El Tratado de Alcaraz (1243)

     Animado por la generosidad de las capitulaciones otorgadas por Fernando III en el territorio cordobés, Muhammad Ibn Hud se decidió a enviar a Castilla una embajada presidida por su hijo Ahmed para tratar del vasallaje de las tierras murcianas al rey castellano. Los comisionados llegaron a Toledo, donde se encontraba el infante don Alfonso preparando su marcha a la frontera andaluza. A finales de febrero los emisarios murcianos ofrecieron entregar la ciudad de Murcia y todos los castillos desde Alicante hasta Lorca y Chinchilla, según dice la crónica alfonsí. Debieron discutirse las proposiciones de ambas partes y se acordó efectuar una nueva entrevista, ya con carácter decisivo en Alcaraz, puesto que eran los reyes de Murcia y Castilla quienes tendrían que señalar las condiciones de la capitulación.

     S
ería, por tanto, en abril de 1243 cuando, reunidos de nuevo en la villa de Alcaraz las dos delegaciones, se fijaron de manera definitiva las condiciones. A Alcaraz acudieron también los arraeces que aceptaban la capitulación ante Castilla, como fueron los de Crevillente, Alicante, Orihuela, Elche, Aledo, Cieza, Ricote y otros lugares «que eran sennoreados sobre sí», esto es, independientes de Ibn Hud, al que sólo reconocían nominalmente.

     El convenio se reducía, en términos generales, al reconocimiento de la soberanía de Castilla, pago de la mitad de las rentas públicas, tenencia en’.manos castellanas de las principales fortalezas, y obligación de prestar contingentes armados en caso de alguna acción política exterior. A cambio, los musulmanes recibían protección militar en el exterior, reconocimiento y respeto a sus propiedades, títulos, religión, instituciones, lengua, usos, costumbres y formas de vida No entraban, por haberse negado a aceptar el tratado y la soberanía castellana, cuantos arraeces se mantenían independientes, con los cuales don Alfonso se consideraba en guerra, como súbditos rebeldes.

     Los acuerdos de Alcaraz, cuando fueron dados a conocer, levantaron una oleada de protestas en el reino de Murcia, alegándose, no sin razón, que Muhammad Ibn Hud había supeditado el bien público a sus intereses personales. Ello dio lugar a que, a la rebeldía de Lorca, Cartagena y Mula, que vivían independientes, se sumaran Orihuela, Alicante, Elche, Aledo, Ricote y otros señoríos que habían aceptado en principio el tratado con Castilla.AI parecer, los castellanos sólo pudieron ocupar pacíficamente Cieza, Crevillente y Alhama, porque en los otros lugares la población no quiso seguir las órdenes de sus señores y se aprestaron a ofrecer resistencia armada a los huestes de don Alfonso. Pero todo se iniciaría con buena ventura cuando el infante entraba en la capital el 1 de mayo, y su hueste se hacía cargo del alcázar.
 

Ocupación de Orihuela por las armas.

     En los meses siguientes el ejército castellano llevó a cabo una acción de policía con el propósito de ocupar la mayor extensión territorial posible y, sobre todo, dominar las zonas estratégicas, lo que pudo lo que pudo conseguir sin mucho esfuerzo, pues fuerón muchas las poblaciones que se entregaron sin resistencia. Se descartaron por entonces las plazas de Cartagena, Mula y Lorca, ya que sus fortalezas y posición dominante aconsejaban el empleo de mayores medios militares, castigar previamente sus comarcas y dejar asegurado el resto de! reino. Tan sólo Orihuela, refugio de cuantos en la capital se habían opuesto al sometimiento a Castilla, hubo de ser cercada y combatida, hasta lograr su capitulación, con condiciones iguales a las otorgadas en el pacto de Alcaraz. Esta acción militar permitiría también la ocupación de Alicante y la zona nordeste del estado hudita.

     Numerosas son las referencias documentales de Alfonso X a la heroica resistencia armada de la ciudad de Orihuela, aunque éstas sean de algunos años después. Así por ejemplo, en 1256 expide un privilegio a favor de Pedro Fernández, comendador santiaguista, por el que le concede un heredamiento en La Mancha, en recompensa a los singulares servicios prestados en la conquista de Orihuela -<et sennaladamientre por el seruiçio que me fizo sobre Oriuela, quando la gane» (Torres Fontes, CODOM III, doc. XXVI)-; igualmente, Alfonso e! Sabio, concede al caballero Johan Albusten en el Repartimiento de Murcia tierras por los servicios de armas prestados en el cerco de Orihuela -(<A Johan d’Albusten iiii tafullas et quarta pora huerto, porque era omne bueno et mal heredado, Ct por servicio que fizo sennaladamientre al rey en la cerca de Orihuela» (Libro del. Repartimiento..., fol. 70 ~ -. También sabemos que la causa por la que en Orihuela no cuajó la rebelión mudéjar de 1264-65, fue la existencia de una importante guarnición cristiana, que desde el castillo pudo hacer frente al levantamiento y dominar plenamente la situación. Pero esto fue posible gracias a que en el momento de la incorporación (1243), Orihuela fue tomada por las armas, y, por consiguiente, en la ciudad fue asentada una población de caballeros y peones, componentes activos de una guarnición militar suficiente para el gobierno y defensa de la plaza, al tiempo que se había procedido a la evacuación de la ciudad de las gentes más comprometidas en la resistencia.. Sin embargo, en aquellos lugares donde no hubo resistencia, la población era respetada en su totalidad, cambiando tan sólo el gobierno soberano de la plaza, a cuyo frente se instalaba una guarnición militar castellana, pero sin proceder a la supresión del mando y administración sarracena del lugar, cuyo ra’is proseguía al frente de la población mudéjar, no apreciándose otro cambio, en la vida pública, que el cobro de la mitad de las rentas, como expresión política de vasallaje a la corona castellana.
 

La acción repobladora durante el protectorado.
El término concejil:

     Durante la primera fase (1243-64) Ia afluencia de pobladores castellanos es escasa y siempre reducida al núcleo urbano. Orihuela, al igual que la vecina ciudad de Murcia, posee una fértil huerta, cientos de minifundios de pequeños propietarios musulmanes, lo que exige una continuidad laboral especializada que sólo podía conseguirse con el mantenimiento de sus cultivadores; de aquí el interés alfonsí por su permanencia, ya que de los nuevos pobladores cristianos pocos serían los que aportaran su esfuerzo al laboreo de las tierras.

     En Orihuela se inicia, posiblemente, la primera partición de casas y. tierras en 1243, el mismo año que capituló en condiciones semejantes al pacto de Alcaraz. Por ello, su ritmo fue lento, ya que el status político de que gozó la población, mudéjar y el corto número de castellanos que quedaron en la villa y castillo, no permitían otra cosa. Pero se establecieron ya disposiciones con visión de futuro, como fue la fijación del término concejil mediante concesión de un privilegio rodado fechado el 15 de julio de 1266. Alfonso X dotaría a Orihuela de un amplio alfoz que abarcaba los términos actuales de Crevillente, Abanilla, Cox, Albatera, Arrabal y Almodóvar, extendiéndose por el litoral desde el límite con Murcia, incluyendo Pilar de la Horadada y Torrevieja, hasta Santa Pola, y por el interior Bigastro y Callosa de Segura, hasta el límite con el señorío de Elche, del que era titular el infante don Manuel, hermano del rey y Adelantado Mayor del Reino de Murcia De esta forma, una superestructura urbana dirigente, formada por los cristianos que en ella efectuaron su asiento, se imponía a la masa mudéjar, predominantemente rural.
 

La repoblación de Orihuela a partir de 1266

     Un primer repartimiento tiene lugar a partir de agosto de 1265 y que aprobaría el monarca en julio de 1266. Hay que tener en cuenta que es durante los meses finales de 1265 cuando tiene lugar la penetración aragonesa y que la estancia de Jaime I en Orihuela ocurre en diciembre y enero, desde donde prepara la conquista de Murcia, por lo que aquella se convierte en plaza de armas y ve aumentada su población con la llegada de la hueste.
Es posible que muchos una vez pacificado el reino, aprovecharan la ocasión para solicitar su inclusión en el repartimiento.

     Una segunda etapa comienza en abril de 1268, en que Alfonso X designa como partidores al Deán García Martínez; Domingo Pérez, repostero de la reina; al escribano Beltrán de Villanueva, que también fueron partidores en Murcia, a los que se suma el amojarife del reino de Murcia, Diego Porcel. Especial recordatorio tuvo el monarca para que se mejoraran los lotes que anteriormente les habían sido concedidos a los defensores del castillo, a los que ahora se otorgaba un tercio más de lo adjudicado a los pobladores beneficiados en la anterior participación. Font Rius indica que participaron 704 personas y que en total se repartieron 2.666 tahúllas.

     La tercera partición se inicia en 1270, pues un año después, un privilegio del rey Sabio autorizaba a los vecinos de Orihuela a incrementar sus haciendas con nuevas adquisiciones en huerta o campo, pero sin perjuicio de los bienes del concejo o de aquellos otros disfrutados en común. Viene a ser una comprobación y complemento de los dos anteriores, pues se rectificaban concesiones indebidas, se declaraban ausencias, se conceden mejorías y se efectúa una redistribución, con medición y adecuado acoplamiento.

     Una buena parte de los beneficiarios en las particiones se afincaron de manera estable en la ciudad, otros lo hicieron sólo durante el tiempo mínimo requerido para adquirir el derecho de propiedad, mientras que algunos ni siquiera llegaron a ocupar los donadíos recibidos, o los dejaron en manos de otras personas. Ante las quejas del concejo, Alfonso el Sabio, por privilegio de enero de 1272, ordenó que cumplidos los plazos fijados por los partidores para la ocupación de los heredamientos por sus titulares, «aquellos partidores que ellos dexaron en su lugar que los den et los partan segunt es escrito en el ordenamiento que ellos los dexaron sellado con sus seellos».

     Entre 1272 y 1275 se realiza una cuarta partición, que es una revisión de cuanto se había hecho hasta entonces. Más interés tiene el privilegio rodado concedido a Murcia que se extiende a Orihuela con fecha de 2 de abril de 1272, por el que Alfonso X confirmaba todos los heredamientos repartidos, daba facultad para comprar y vender, y les concedía exención de! derecho de almojarifazgo, lo que permite deducir a Torres Fontes que sus pobladores estaban suficientemente enraizados en la ciudad y su término, y no había temor de que dejaran sus propiedades y disminuyera su población. Esto justifica que si en principio se había prohibido la venta de propiedades, por estimar que perjudicaría la consolidación de la comunidad urbana, ahora resultaba conveniente para facilitar el asentamiento de nuevos pobladores y contentar a los que se mantenían en ella.

     El trabajo de los partidores estuvo orientado a cortar abusos en cuanto a la retención de donadíos por ausentes y a los fraudulentos aumentos de los heredamientos, a veces en camino de crear grandes propiedades y en pocas manos. Interesaba, sobre todo, que las heredades quedaran vinculadas al vecindario de la villa y para ello colaboraron de común acuerdo concejo, regidores y jurados. A los ausentes se les dio plazo para adquirir carta de naturaleza en la ciudad y fijar en ella su residencia, mientras que lo tomado contra «defendimiento del rey» era restituido y puesto a disposición de los repartidores. Los nuevos vecinos eran beneficiados con las tierras confiscadas o aún no distribuidas.

     Un nuevo repartimiento tendrá lugar en 1288, cuando ya reinaba en Castilla Sancho IV. El propósito estaba orientado a la necesidad de poner en cultivo nuevas tierras, como consecuencia, probablemente, del aumento demográfico de la ciudad. Las nuevas tierras eran las que por su proximidad a almarjales y saladares o por su baja calidad no se habían repartido anteriormente, pero que en los momentos de máxima expansión del período musulmán oriolano, habían sido cultivadas y después abandonadas por su bajo rendimiento.

     En Orihuela, lo mismo que en la vecina Murcia, no parece que hubiera problemas a la hora de atender a la repoblación, pues al no encontrarse, como Lorca. frente a la frontera granadina y gozar de tierras de regadío de excelente calidad, la afluencia de repobladores fue grande. Los numerosos privilegios concedidos a Orihuela marcan una línea de desarrollo regular a lo largo de toda su etapa castellana. 

Angel Luis Molina Molina
Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Murcia.