"De cuando Alonso Quijano le pidió al Ventero que le armara Caballero"
 

NUEVA APROSIMACION AL

 CONCEPTO DE CABALLERO
 

       Mi guerra. aragonesa, a mi juicio una gran dama, me ha comentado muchas  veces
cúanto  le llamo la atención a su llegada a Orihuela la distinción de la gente de este
pueblo. La finura, el saber estar, del abogado y del medico, del aguador, la modista, el
droguero y el huertano. . . del pueblo de Orihuela.

       ¿Satánico? como todos. ¿Angelical? seguramente como pocos. (Todos, pueblos y
personas tenemos dentro un querubín y un demonio).

     ¿Satánico? ¡Claro! Son signos desde Loaces (cinco enteros ya en pasando tres años).
 “Orihuela era un patio del colegio” decía casi sin disfraz Gabriel Miró. Muchos años,
signos de  ser curia y gobierno. Y eso puede dejar posos negativos pero sin duda dejó
algo que antes se  llamaba buena educa­ción y que sigue siendo eso: buena educación.

       Un vestigio de esos buenos modos es que. todavía, al cruzarnos por la calle algunas
veces nos decimos: ‘Adiós, Caballero”.

      Se ha perdido practicamente, por desgracia, el “Con Dios” o el “Vaya Usted  con Dios”.
Pero, como siempre. divago. Vamos al grano: cuando alguien me dice “Adiós,
Caballero”, casi  siempre pienso automáticamente: “Mentira es. y me da gusto”.

     Porque ¡que difícil ser un verdadero Caballero!.

     ¿Que es un Caballero?. Ultimamente me paso el día con el diccionario de la Real
Academia en la mano. No tengo idea del Griego (apenas el alfabeto) pero me encanta
comprobar, sin embargo, prácticamente lo hablo. ¡Claro! Caballero viene de , caballo,
con  dos lambdas. Como nosotros, casi igual de escritura y sonido y por supuesto es el
que cabalga, el que va a caballo. ¡Pero hay otras catorce acepciones en el Diccionario!.
Habremos de quedarnos aquí con el numero seis: “Caballero es el que se comporta com
nobleza y generosidad”.

      Está claro…  pero ¡Ay de rní¡ ¿Qué es la nobleza?  pues yo lo tengo claro, también
el  señorío el dominio sobre uno mismo.

     Un Señor es el que manda en si mismo, el que se respeta, respeta a los demás y exige
el respeto ajeno. Ese es un Señor.

      Y un Caballero sería, pues, el que además de ser un Señor… . pues tiene un caballo.

      Hablando ya completamente en serio un Caballero es un hombre libre. ¡Que difícil
sería siempre! ¿Quién puede decir que nunca ha sido esclavo de sí mismo o de otros?...
“Y le dijo que bueno, sólo hay uno”

         Por eso decía yo al principio: ‘mentira es y me da gusto’. Pero si alguien se
aproxima a la caballerosidad, decía mi suegra, es la gente de Orihuela. En general:
la gente de la que algunos llamaron “Satánica y Sotánica”. 

NOTA:  Cuando me puse a escribir estas letras tenían in mente dar un repaso a algún
libro y hablar para mí y para los pacientes lectores si es que esto se publica de la
caballería, su nacimiento en los ejércitos, de los Caballeros del Rey Arturo de las
Cruzadas, de la Orden de Malta y de todas estas interesantísimas cosas de las que  
tanto hemos picoteado en escasas lecturas y abundantes películas de grande o pequeña
pantalla. Pero he consumido mi espacio presupuestado sin siquiera leer las diecisiete
páginas que mi “obsoleta” amiga la Espasa dedica a la voz, ni tampoco las siete con
que nos  habla de la palabra “Caballero” ¿Que le vamos ha hacer? Siempre me pasa
igual: no leo.
      En penitencia no sólo leerá sino que transcribiré un texto (el que escribe lee dos
veces): “el don que os he pedido y de vuestra liberalidad  me ha sido otorgado es que
mañana en aquel día me habeis de armar Caballero y esta noche, en la Capilla de
vuestro Castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que
tanto deseo para poder, corno se debe ir por todas las cuatro partes del mundo
buscando  aventuras en pro de los, menesterosos corno está a cargo de la caballería y
de los  caballeros andantes como soy yo, cuyo deseo, a semejantes fazañas es inclinado”.

       Que ninguno de San Fernando tema que lo tomen por loco si pide lo mismo…
Porque aquí si hay Capilla…. todavía.


              A mi amigo Adrián y sus Huestes.

                                                                                                                        
Juan Bellod