Centauros de San Fernando

    La Comparsa Caballeros del Rey Femando ha tenido  siempre como Insignia a dos jinetes que, desde niños, han  abierto  sus desfiles. 

      Con las capas sobre los lomos de dos corceles, año tras año, han venido levantando  de sus asientos al respetable, haciendo que la música  pasara de sus espuelas a  encender la sangre de sus monturas  para que, en mágico baile, se convirtieran las notas de un pasodoble festero en movimientos acordes de dos enjaezados caballos.  

      El tiempo ha ido madurando a los jinetes, hasta el extremo de que uno de ellos es ya todo un reconocido Caballero Rejoneador y ha convertido la belleza de su buen hacer con la montura en el riesgo y la valentía de conjugar la fuerza de la res brava y la  fuerza del equino, en un canto estético.
 

      Pero volvamos al principio, al pasado inmediato, a los niños y sus monturas, al sueño despertado en cada uno de los desfiles, al jinete  camino de consagrarse. Ahora que la Fiesta cumple 20 años, que por tercera vez,  los Caballeros del Rey Santo  sacan la Embajada a la calle  y que se publica esta Revista  conmemorativa, no sería de recibo cantar las glorias de unos jinetes consagrados o a punto de llegar, olvidándonos  de aquellos niños que antaño pusieron su empeño y convirtieron su arte en la montura, en  el buque insignia de esta Comparsa. Por eso, es obligado el homenaje a su pasado, el aplauso a su presente y el esperanzado abrazo a su futuro.

 

Decía Carlos Pérez Seoané y Cullen, rejoneador de ascendencia Oriolana y Duque de Pinohermoso, nacido en la Embajada Española, en el Vaticano, que la primera regla de un Caballero Rejoneadores amar a los caballos y trabajarlos de tal manera, que no protesten durante la lidia.                   

Quizás este es el secreto del ilustre Comparsista, Basilio Mateo, hoy, reconocido Caballero Rejoneador. Se deja ver del enemigo y no acostumbra a entrar por sorpresa, deja llegar a la res hasta el propio encuentro del caballo y clava de arriba a abajo. Pero del decálogo del Duque de Pinohermoso cumple, sobre todo, una máxima fundamental: “cuando intenta algún aire de alta escuela, procura hacerlo correctamente, como si no hubiera toro en la Plaza”.

Al alimón, ha acompañado cada mes de Julio a Basilio, Julián Zaplana, como si se tratara de la fórmula “Por colleras”, estos dos caballeros, a los que les une el parentesco y la sangre, han lidiado siempre con éxito el espíritu festero de un público que, tradicionalmente se les entrega.

 

     Seguro que esta Comparsa no sería lo mismo sin los dos “Centauros” que las encabezan y que tanto han hecho, quizás sin  darse cuenta, por interpretar “a la jineta” el espíritu de los pobladores de la Ermita del Santo Sepulcro.

     Seguramente, al menos a uno de ellos, le quedan muchas orejas y rabos que cortar, muchas puertas grandes, de grandes Plazas, que abrir y, a ambos, muchos aplausos que recoger. Pero hoy, la Comparsa Caballeros del Rey Fernando les abren,  una vez mas, la puerta grande de sus corazones y rompe sus manos en aplausos a la vez  que muestra su orgullo por que dos hombres, a lomos de dos  corceles, este año, como cada año sirvan de despegue para que todos los Caballeros paseen por el albero de esa  gran Plaza que es Orihuela, cada noche de Fiestas.

 

 

 

                                                                                                                Iñigo Arum