Carta Para Lara

      Acabas de llegar a esta locura. Es la tercera  vez que en tus enormes ojos azules se reflejan las luces que visten Orihuela en el mes de julio. Aplaudirás con tus diminutas manecítas en cuanto llegue a tus oídos la música mientras te pones a bailar, a tu manera, como si toda la vida que te queda por delante se te fuera en el intento. Parece que has asumido el legado de la familia y has pasado a formar parte de la enorme familia festera. Además estás en el mejor sitio para vivir la Fiesta: en los Caballeros del Rey Fernando. Estás con la gente que me enseñó a mí lo que era la semana de moros. Con los que me enseñaron que no son sólo siete días al año, como más de uno te querrá hacer creer, sino que esos días son el producto de un trabajo continuado y que la única satisfacción que te llevas es el ver como todos disfrutan con lo que tú has hecho. No esperes mucho más agradecimiento.
 
      Pero cuando seas más mayor y estés en horas bajas con la Fiesta mira a tu alrededor. No hace falta que te vayas más allá de la calle Calvario. Busca un CABALLERO, con mayúsculas porque de esos ya no quedan. No es “de los de lanza en astillero y rocín flaco”, pero tiene mucho de Quijote porque a veces dicen que persigue imposibles. Fíjate muy bien en él. Lo reconocerás porque a menudo se queda mirando el Sepulcro. Luego en sus ojos pequeños y simpáticos aparece un brillo de tristeza.    Seguramente al verte te dirá “Ave María Purísima” (lleva cuidado como le contestas que a mí siempre me riñe porque lo digo mal) entonces seguro que es él. Acércate y pregúntale la historia de esa ermita y de cómo la consiguió la comparsa.

      No falla, cada vez que me desilusiono con la Fiesta miro a “mi presi” (porque siempre será mi presi y porque así lo llamaba tu abuelo) y a algún otro FESTERO, y me animo al pensar que no hay que dejar que se pierda lo que tanto ha costado conseguir y que esto sin gente que trabaje no va para adelante.      

     Ahora disfruta, vive la Fiesta que te toca vivir y no dejes que nadie ensombrezca con mezquindades de adulto el brillo azul de tus ojos de niña.  

      ¡Ah! y pídele al “presi” que te tenga presente en sus oraciones a tí y a esta “cristiana       musulmana” que nunca se olvida de sus raíces festeras, porque fueron las mejores que pude tener. 

                                                                    MAYTE